ESCRITOS CON ALMA - EL POEMA DE LOS OTROS

 

EL POEMA DE LOS OTROS
 
Hablar de verdades, a veces,  es hablar de mí.
Betina, 1987
 
El poema de los otros llueve sal en la mirada impasible de poetas, tiempos y nostalgias.  El poema de los otros lleva al azul marino, costa cercana a otros poetas, donde pululan llagas dolientes y exiladas.
 
El poema de los otros, se desliza por oscuras memorias donde duermen las almas en desvelo, sábanas blancas, espumas, claridad, entristecidos pasos, resaca y extravío, renuncia, eterno desalojo y recuerdos perdidos.
 
No quiero doler en el poema de otros poetas ajenos. Quiero sentir. Alegría que se esparce sin penas ni silencios. Aquel otro dolor que una vez no se escribió. El poema, un canto, una esperanza, pero fuego, ojos de otros convirtió desamor Ahora es verso breve, lágrima eterna juntos. Bocas de mar. Alguna vez cantó.
 
Flamean banderas, barcos ajenos con versos de otros, indiferentes, con rondas y canciones. Vienen y van. Preñadas ilusiones en azul y sal. La nostalgia lee poema de los otros, con acuciosa delicadeza, deletrea cada verso transitorio y poco usual.  Muchas veces duele junto al mar. No sabe de muertes, y se arrodilla frente a la palabra ajena y en sus manos lleva ramos de voces infinitas, perdidas en el tiempo.
 
 A veces canta y reza con palabras deshechas.  Hojas sus oraciones, poemas desquiciados.  No quiero doler más en el poema del otro aquel otro poema que una vez no se escribió. El poema era canto de olores libertarios que fuego de otras voces. Esclavas. Pobladas. Desamor. Ahora es verso breve, lágrima eterna con olores de otros tiempos, llenos de reveses,  quemados por el sol.
 
El mar estaba entonces tan lleno de virtudes que Neruda cuántas veces su pintura cantó. Salmerón doliente abrazó sus ilusiones sobre el azul sereno lleno de esplendor.  El poema de los otros camina hasta la orilla de algún mar encantado repleto de dolor. Se siente por las noches de enrejadas estrellas  Es un canto al dolor, barcos perdidos en oscuros y manglares.
 
Culpables no son los viajeros infinitos. Son olas que braman en selvas de Gerbasi, y buscan un recuerdo, la imagen de aquel padre y de una vieja aldea de nubes y caracolas. Los mares se cruzaron con la fiebre de los ríos, con llagas del espanto y sonidos del silencio, renacen cada día, en despertar de otras auroras y caminan por las cumbres con lejanías y nieblas.       
 
Los poemas de los otros parecen versos ausentes de horizonte por su vasta extensión. Se posan desde entonces sobre alas del velero, sobre verdor intenso. Selvas encantadas. Son poemas que se cargan con olores de la tierra, que se abrazan a la vida en cada atardecer. Son poemas que se escuchan desde montañas y ríos con canto cristofué y cocotales al viento.
 
El poema de los otros trae sal a los  ojos de algún otro poeta que también los conoció.
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